domingo, 10 de noviembre de 2013

POESÍA 14: "LA UNIÓN LIBRE" DE ANDRÉ BRETON


LA UNIÓN LIBRE



Mi mujer con cabellera de fuego de leña
Con pensamientos de relámpagos de calor
Con talle de reloj de arena
Mi mujer con talle de nutria entre los dientes del tigre
Mi mujer con boca de escarapela y de ramillete de estrellas de última magnitud
Con dientes de huellas de ratón blanco sobre la tierra blanca
Con lengua de ámbar y de vidrio frotados
Mi mujer con lengua de hostia apuñalada
Con lengua de muñeca que abre y cierra los ojos
Con lengua de piedra increíble
Mi mujer con pestañas de palotes que escriben los niños
Con cejas de borde de nido de golondrinas
Mi mujer con sienes de pizarra de techo de invernadero
Y de vaho en los cristales
Mi mujer con hombros de champagne
Y de fuente con cabezas de delfines bajo el hielo
Mi mujer con muñecas de fósforos
Mi mujer con dedos de azar y de as de corazón
Con dedos de heno segado
Mi mujer con axilas de marta y de bellotas
De noche de San Juan
De alheña y de nido de escalarias
Con brazos de espuma de mar y de esclusa
Y de mezcla de trigo y de molino
Mi mujer con piernas de cohete
Con movimientos de relojería y desesperación
Mi mujer con pantorrillas de médula de saúco
Mi mujer con pies de iniciales
Con pies de manojos de llaves con pies de pajaritos que beben
Mi mujer con cuello de cebada sin perlar
Mi mujer con garganta de Valle de Oro
De cita en el lecho mismo del torrente
Con senos nocturnos
Mi mujer con senos de topera marina
Mi mujer con senos de crisol de rubíes
Con senos de espectro de la rosa bajo el rocío
Mi mujer con vientre de despliegue de abanico de los días
Con vientre de garra gigante
Mi mujer con espalda de pájaro que huye vertical
Con espalda de azogue
Con espalda de luz
Con nuca de piedra de canto rodado y de tiza mojada
Y de caída de un vaso en que se acaba de beber
Mi mujer con caderas de barca
Con caderas de araña y de plumas de flecha
Y de canutos de plumas de pavo real blanco
De balanza insensible
Mi mujer con nalgas de greda y de amianto
Mi mujer con nalgas de lomo de cisne
Mi mujer con nalgas de primavera
Con sexo de gladiolo
Mi mujer con sexo de yacimiento y de ornitorrinco
Mi mujer con sexo de alga y de bombones viejos
Mi mujer con sexo de espejo
Mi mujer con ojos llenos de lágrimas
Con ojos de panoplia violeta y de aguja imantada
Mi mujer con ojos de sabana
Mi mujer con ojos de agua para beber en prisión
Mi mujer con ojos de bosque siempre bajo el hacha
Con ojos de nivel de agua de nivel de aire de tierra y de fuego.

André Breton.

EXTRACTOS DEL OCTAVO LIBRO DE "LA METAMORFOSIS O EL ASNO DE ORO" DE LUCIO APULEYO.

EXTRACTOS DEL OCTAVO LIBRO DE "LA METAMORFOSIS O EL ASNO DE ORO" DE LUCIO APULEYO.



Octavo libro

Argumento

En este libro se contiene la desdichada muerte del marido de Carites, y de cómo ella sacó los ojos a su enamorado Trasilo; y cómo ella misma, de su propia voluntad, se mató, y la mudanza que hicieron sus criados después de su muerte; y cuenta muy lucidamente de ciertos echacuernos de la diosa Siria, diciendo de sus vicios y suciedades y cómo se cortaban los miembros para ganar dineros, y después cómo se descubrieron los engaños que traían.

Capítulo I

Cómo venido un mancebo a casa de su amo de Lucio cuenta con admirable dilación cómo Trasilo, por amores de Carites, mató con engaño a Lepolemo, y cómo ella le sacó los ojos a Trasilo y después se mató a sí.

"...yo te doy licencia para que te cases en buena hora con quien quisieres, con tal condición que jamás vengas a poder del traidor sacrílego de Trasilo, ni hables con él, ni te sientes a la mesa, ni duermas en cama con él; huye de su mano sangrienta que me mató. No quieras comenzar bodas con quién mató a tu marido, que aquellas llagas, cuya sangre lavaron tus lágrimas, no son todas de las navajas del puerco, porque la lanza del malvado de Trasilo me hizo ajeno a tí".

"-Veis aquí el fiel compañero de mi marido; éste es aquel noble cazador; éste es el marido mucho amado; esta mano es aquella diestra que derramó mi sangre; éste es el pecho que pensó y compuso aquellos engañosos rodeos y palabras para mi destrucción y pérdida; éstos son los ojos a quien yo en mal hora agradé, los cuales, en alguna manera sospechando las tinieblas perpetuas que les habían de venir, previnieron su pena: pues duerme seguro y sueña bien a tu placer, que yo no te heriré con cuchillo ni con espada; nunca plega a Dios que tal haga, por que no te iguale con mi marido en semejante género de muerte. Pero siendo tú vivo morirán tus ojos y no verás cosa alguna sino cuando durmieres; yo haré que tú sientas ser más bienaventurada la muerte de tu enemigo que la vida que tú hubieres, porque, cierto, tú no verás lumbre y habrás menester quien te guíe; a Carites no tendrás ni gozarás de sus bodas, ni te alegrarás con el reposo de la muerte, ni habrás placer con el deseo de la vida; pero andarás como una estatua, incierto, andando entre el Sol y el infierno, que ni sepas si te has de contar con los vivos o con los muertos; y andarás mucho tiempo buscando la mano que quebró tus ojos y no la hallarás, la cual en la  pena y turbación es muy miserable y lleno de toda angustia; que no sepas de quién te puedes quejar; además de esto, yo sacrificaré y aplacaré la sepultura de Lepolemo con la sangre de tus ojos, y asimismo haré sacrificio con estos tus ojos a su ánima santa. Mas ¿por qué soy causa yo que por esta mi tardanza tú ganes alguna dilación de tu tormento y por ventura tú ahora sueñas o piensas en mis pestíferos abracijos? Así que, dejadas las tinieblas del sueño, vela y despierta a otra ceguedad de pena, alza y levanta la cara vacía de lumbre; reconoce la venganza, entiende tu desdicha, cuenta tus mancillas. De esta manera pluguieron tus ojos a la mujer casta y limpia; de esta manera, alumbraron las hachas de las bodas al tálamo de tu casamiento. En esta manera tendrás las diosas del matrimonio por vengadoras y tendrás la ceguedad por compañía y perpetuo estímulo de conciencia".

"...diose con la espada por debajo del pecho derecho, y así cayó muerta y revuelta en su propia sangre; finalmente, no pudiendo hablar claro, se le salió el ánima. Entonces los criados de la mezquina de Carites corrieron presto, y, con mucha diligencia lavado el cuerpo, en aquella misma sepultura la enterraron, dando perpetua compañera a su marido".

Capítulo II

Cómo después que los vaqueros y yegüerizos y mayordomos del ganado de Carites y Lepolemo supieron que sus señores eran muertos, robada toda la hacienda que estaba en la alquería, huyeron para tierras extrañas; y de lo que por el camino les aconteció.

"Finalmente, que yo pensaba entre mí que aquel caballo Pegaso, por miedo, le habían nacido alas con que voló, y por eso voló hasta el cielo, habiendo miedo que no le mordiese la ardiente Quimera". 

"Esto dicho, comenzamos a andar nuestro camino bien descalabrados, y cada uno contaba su mal: los unos, heridos de piedras, los otros, mordidos de los perros, de manera que todos iban lastimados".

"...que vio cómo estaba muerto en el suelo, medio comido y un dragón espantable encima de él, comiéndolo todo, y que no parecía el viejo;..."

Capítulo III

En el cual Lucio prosigue contando muchos y notables acontecimientos que se ofrecieron siendo asno, y principalmente lo que le aconteció cuando le llevaban hurtado los pastores de Carites, donde se cuentan cosas graciosas.

"Un esclavo de un caballero, cuya era aquella heredad, estaba allí por mayordomo y guarda de toda la hacienda, y era casado con una moza esclava asimismo de aquel caballero; el marido andaba enamorado de otra moza libre, hija de un vecino de allí; la mujer, con el dolor y enojo de los amores del marido, tomó cuantos libros de sus cuentas tenía y toda la hacienda y ropa de casa, no estando allí su marido, y quemolo todo; y no contenta con lo que había hecho, ni pensando que estaba vengada de la injuria, tornose contra sí misma y tomó en los brazos un niño hijo del marido y atolo consigo y lanzose en un pozo muy hondo. El señor, cuando supo la muerte de su esclava y del niño y que había sido por causa de los amores del marido, hubo mucho enojo y tomolo desnudo y enmelado y atolo muy fuertemente a una higuera vieja, que tenía muchas hormigas que hervían de un cabo a otro; las cuales, como sintieron el dulzor de la miel y el olor de la carne, aunque eran chicas, pero infinitas, con los continuos y espesos bocados que le daban, en tres o cuatro días le comieron hasta las entrañas, que dejaron los huesos blancos y sin carne ninguna, atados a la triste de la higuera, de lo cual los otros labradores estaban espantados y con mucho enojo."

"Un viejo calvo y bellaco, cubierto de cabellos de los lados llanos y medio canos, del más bajo linaje y de las heces de todo el pueblo; el cual andaba con otros trayendo a la diosa Siria por esas plazas, villas y lugares, tañendo panderos  y atabales y mendigando de puerta en puerta."

Capítulo IV

Cómo, después que a Lucio asno compró un echacuervos de la diosa Siria, fue destinado para traer sobre sí a la diosa; donde cuenta acontecimientos y casos notables de aquella falsa religión de echacuervos.

"Llegando a una villa principal, como allí hallaron provecho de alguna ganancia alegre, hicieron un convite de placer, que sacaron un carnero grueso a un vecino de allí, con una mentira de su fingida predicación, diciéndole que con su limosna y sacrificio hartase a la diosa Siria, que estaba hambrienta; así que su cena, bien aparejada, fuéronse al baño, y luego vinieron muy bien lavados; trajeron consigo a un mancebo aldeano de allí bien fuerte y bien aparejado para cenar con ellos; y como hubieron comido unos bocados de ensalada, allí, delante de la mesa aquélla, aquellos sucios bellacos comenzaron a burlar con aquel mancebo, 
que tenían desnudo."

"...y toma este asno que ahora es venido aquí, y, llevado a algún lugar apartado, degüéllalo, y una de sus 
piernas, que es semejante de la perdida, córtasela, y muy bien guisada, picada o de otra manera que sea muy sabrosa, ponla delante de tu señor en lugar del ciervo. 
Al bellaco azotado plúgole de su salud con mi muerte, y alabando la sagacidad y astucia de su mujer, acordando de hacer de mí aquella carnicería, aguzaba sus cuchillos."







EXTRACTOS DEL SÉPTIMO LIBRO DE "LA METAMORFOSIS O EL ASNO DE ORO" DE LUCIO APULEYO.

EXTRACTOS DEL SÉPTIMO LIBRO DE "LA METAMORFOSIS O EL ASNO DE ORO" DE LUCIO APULEYO.



Septimo libro

Argumento

La historia de Luciano escribió en un libro, Apuleyo la repitió en muchos, contando largamente cada cosa por sí, por que no pareciese que era intérprete de obra ajena, sino hacedor de historia nueva, y por que en la variedad de las cosas que suele ser muy agradable prendiese, halagase y deleitase a los lectores sin darles enojo. Así que ahora cuenta cómo de mañana uno de aquellos ladrones vino de fuera y contaba a los otros en qué manera culpaban a Apuleyo y le imputaban el robo y destrucción que se había hecho en la casa de Milón, y que a ninguno de los ladrones culpaban de tan gran crimen, salvo sólo a Apuleyo, que era capitán y autor de toda esta traición, porque nunca más había parecido: lo cual, oyendo Apuleyo, que esta hecho asno, gemía entre sí, quejándose amargamente que era tenido por culpado no siéndolo, y por traidor siendo bueno, y que no podía defender su causa. Entreteje algunas fábulas muy graciosas y la maldad de un mozo que traía leña con él, y otros engaños de mujeres.

Capítulo I

Que trata cómo viniendo un ladrón de la compañía de la ciudad de Hipata, cuenta a los compañeros la seguridad que de sus hechos ha espiado por allá, y cómo oyó en la casa de Milón que toda la culpa del robo echaban a Lucio Apuleyo, y cómo fue rebibido un afamado ladrón en la compañía.

"...además de esto, me veía en el pensamiento que los varones de la antigua doctrina, no sin causa, fingían y pronunciaban ser la fortuna ciega y sin ojos, la cual siempre daba sus riquezas a hombres malos y que no las merecían, y nunca escogía a alguno de los hombres por juicio y justo, antes, conversaba principalmente con tales personas de las cuales debía huir si de lejos las viese...."

"Finalmente, que el emperador no quiso que hubiese colegio ni compañía del ladrón de Hemo, y luego se deshizo y perdió, porque todo lo puede la voluntad de un gran príncipe. Así que, hecha pesquisa contra nosotros, toda la compañía de los caballeros y pendones de aquella hueste fue muerta y destruída; yo solo, en gran pena y fatiga, me hurté entre los otros y escapé de la boca del infierno en esta manera: Vestido con una ropa de mujer, y tocada una toca en la cabeza, calzados los pies con servillas de mujer blancas y delgadas, así escondido debajo de este hábito de mujer, cabalgando encima de un asnillo..."

"...todos conformes y de un voto le hicieron su capitán, y le vistieron luego una vestidura de seda, como convenía a tal capitán, quitándole primero el sayo roto, aunque rico, que traía."

Capítulo II

Cómo aquel mancebo recibido en la compañía por Hemo, afamado ladrón, fue descubierto ser Lepolemo, esposo de la doncella, el cual la libertó con su buena industria y llevó a su tierra.

"...que aún yo tengo conocido, días ha, algunos rufianes, de los cuales uno podría, según yo pienso, comprar esta moza con grandes talentos de oro, para ponerla al partido, como ella merece, y aun de semejante huida que está, cuando ella hubiere servido en el burdel, no os dará poca venganza".

"De esta manera, partido de allí, los otros encendieron un gran fuego e hicieron un altar al dios Marte de céspedes verde. A poco rato tornó aquél, y los otros traían ciertos odres llenos de vino,  y una manada de ganado delante, de donde tomaron un cabrón grande y escogido, de muchos años, con las guedejas alzadas, el cual sacrificaron al dios Marte, su compañero, a quien ellos seguían..."

"Entre esto, algunas veces, fingiendo que iba por las cosas necesarias para la mesa, entraba donde estaba la moza y traíale algunas cosas de comer que escondidamente tomaba de la mesa, y alegre le traía asimismo alguna taza de vino, de la cual él gustaba primero y ella lo recibía de buena gana; y alguna vez que él la quería besar ella lo consentía, recibiéndole con la boca abierta...."

Capítulo III

Cómo, celebradas las bodas de la doncella, se pensó con gran consejo qué premio se daría a Lucio, asno, en recompensa de su libertad; donde cuenta grandes trabajos que padeció.

"Desde allí, la dueña, que ya era casada, me buscaba a mí y me nombraba como su guardador, que le había librado de tanto peligro, y ese mismo día de las bodas me mandó henchir el pesebre de cebada y poner heno tan abundantemente que bastara para un camello".

"Pero aún aquí la alegre esperanza procedió a fin y salida mortal, porque los garañones, como estaban hartos y gruesos y muy terribles, por haber muchos días que andaban a pasto, eran cierto mucho más fuertes que ningún asno, y temiéndose de mí, guardando que no hiciese adulterio monstruoso con sus amigas, no guardando la amistad que Júpiter mandó tener con sus huéspedes, comenzaron a perseguir su ira con mucha furia y odio[...] Así lo había yo leído en la historia del gran rey de Tracia, que daba a sus caballos los mezquinos de los huéspedes, que acogía para despedazarlos y comerlos. Tanto era aquel tirano escaso de cebada, que con abundancia de cuerpos humanos ensuciaba la hambre de sus rabiosos caballos."

"Este mal rapaz pensó e hizo una travesura de esta manera: tomó un manojo de zarzas, con las espinas muy agudas y venenosas, las cuales, atadas, colgó y puso debajo de mi cola para atormentarme; de manera que, como yo comenzase a andar, conmovidas e incitadas me llegaban con sus púas y mortales aguijones".

Capítulo IV

En el cual Lucio cuenta grandes trabajos que padeció por causa de venir a poder y manos de un rapaz que en extremo le fatigó, hasta que una osa le despedazó en el monte.

"...como ve por ese camino algún caminante, ahora sea mujer vieja, ahora moza doncella para casar, o muchacho de tierna edad, luego lanzada la carga en el suelo, y aun algunas veces la albarda y cuanto trae encima, con mucha furia corre como enamorado de personas humanas, y lanzados por aquel suelo prueba de hacer con ellos lo que es contra natura, y aún muérdelos con su boca sucia, que parece que los quiere besar; lo cual nos es causa de muchos litigios y cuestiones, y aun quizá algún día nos traerá mayor daño".

"Grande mal es que matemos de esta manera un asno tan hermoso como éste, y que por lujuria o amores él sea acusado y carezcamos de su obra y servicio tan necesario; cuanto más que quitándole los compañones nunca más será celoso ni se alzará para hacer mala cosa, a nosotros quitaremos de peligro y él se hará muy más hermoso y grueso".

"Entonces, quejándose que tan presto había cansado, arremetió al fuego y tomó un tizón ardiendo, y lanzómele en medio de estas ingles, que me quemó, hasta que ya no me restaba sino sólo un remedio, en que me esforzaba, que solté un chisquete de líquido, que le ensucié toda la cara de líquido. Finalmente, que con aquella ceguedad y hedor se apartó tanta pena y destrucción de mí, que, si no, perecía yo, asnal Meleagro, quemado por aquella Altea".













sábado, 9 de noviembre de 2013

POESÍA 13: "RIMAS-XI" DE GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER.


RIMAS - XI




Yo soy ardiente, yo soy morena,
yo soy el símbolo de la pasión;
de ansia de goces mi alma está llena.
¿A mi me buscas? -No es a ti; no.
Mi frente es pálida, mis trenzas de oro,
puedo brindarte dichas sin fin.
Yo de ternura guardo un tesoro.
¿A mí me llamas? -No: no es a ti.

Gustavo Adolfo Bécquer.

EXTRACTOS DEL SEXTO LIBRO DE "LA METAMORFOSIS O EL ASNO DE ORO" DE LUCIO APULEYO.

EXTRACTOS DEL SEXTO LIBRO DE "LA METAMORFOSIS O EL ASNO DE ORO" DE LUCIO APULEYO.




Sexto libro

Argumento

Después de haber buscado con mucha fatiga a Cupido y después de lo que le avisó Ceres y del mal acogimiento que halló en Juno, Psiches, de su propia voluntad se ofreció a Venus;  y luego escribe la subida de Venus al cielo, y cómo pidíó ayuda a los dioses; y con cuánta soberbia trataba a Psiches, mandándole que apartase de un montón grande de todas las simientes cada linaje de granos por su parte, y que le trajese el vellocino de oro; y del licor del lago infernal le trajese un jarro lleno; asimismo le trajese una bujeta llena de la hermosura de Proserpina; todas las cuales cosas hechas por ayuda de los dioses, Psiches casó con su Cupido en el consejo de los dioses. Y sus bodas fueron celebradas en el cielo, del cual matrimonio nació el Deleite.

Capítulo I

Cómo Psiches, muy lastimada, llorando, fue al templo de Ceres y al de Juno a demandarles socorro de su fatiga, y ninguna se le dio por no enojar a Venus.

"Así que, habiendo ya subido y pasado todos aquellos montes, llegó al templo y entrose dentro, donde vio muchas espigas de trigo y cebada, hoces y otros instrumentos para segar; pero todo estaba por el suelo, sin ningún orden, confuso, como acostumbraban a hacer los segadores cuando con el  trabajo se les cae de las manos".

"Ruégote señora, por la tu diestra mano sembradora de los panes, y por las ceremonias alegres de las sementeras, y por los secretos de las canastas de pan, y por los carros que traen los dragones tus siervos, y por las aradas y barbechos de Sicilia, y por el carro de Plutón que arrebató a Proserpina, y por el descendimiento de tus bodas, y por la tornada cuando tornó con las hachas ardiendo de buscar a su hija, y por el sacrificio de la ciudad eleusina, y por las otras cosas y sacrificios que se hacen en silencio...."

"¡Oh, tú, Juno, mujer y hermana del gran Júpiter! O tú estás en el antiguo templo de la isla de Samos, la cual se glorifica porque tú naciste allí y te criaste: o estás en las sillas de la alta ciudad de Cartago, la cual te adora como doncella que fuiste llevada al cielo encima de un león: o si por ventura estás en la ribera del río Inaco, el cual hace memoria de tí, que eres casada con Júpiter y reina de las diosas: o tú estás en las ciudades magníficas de los griegos, adonde todo Oriente te honra como diosa de los casamientos y todo Occidente te llama Lucina..."

Capítulo II

Cómo, cansada Psiches de buscar remedio para hallar a su marido Cupido, acordó de irse a presentar ante Venus por demandarle merced, porque Mercurio la había pregonado, y cómo Venus la recibió.

"En este medio tiempo, Venus, enojada de andar a buscar a Psiches por la tierra, acordó de subierse al cielo, y mandando de aparejar su carro, el cual Vulcano, su marido, muy sutil y pulidamente había fabricado y se lo había dado en arras de su casamiento, hecho las ruedas de manera de la Luna, muy rico y precioso, con daño de tanto oro y de muchas otras aves, que estaban cerca de la cámara de Venus, salieron cuatro palomas muy blancas, pintados los cuellos, y pusiéronse para llevar el carro..."

"Hermano de Arcadia, tú sabes bien que tu hermana Venus nunca hizo cosa alguna sin tu ayuda y prensencia; ahora tú no ignoras cuánto tiempo ha que yo no puedo hallar a aquella mi sierva que se anda escondiendo de mí: así que ya no tengo otro remedio sino que tú públicamente pregones que le será dado premio a quien la descubriere".

"Y como esto dijo, mandó llamar a sus criadas la Costumbre y la Tristeza, a las cuales, como vinieron, mandó que azotasen a Psiches".

Capítulo III

En el cual trata cómo la vieja, procediendo en su muy largo cuento, narra los trabajos que Venus dio a Psiches, por darle ocasión a desesperar y morir. Y cómo, por conmiseración de los dioses, Venus la vino a perdonar, y con mucho placer se celebraron las bodas en el cielo.

"Pues ve allá luego y tráeme la flor de su precioso vellocino en cualquier manera que lo puedas haber".

"De allí, de la altura donde sale aquella fuente, tráeme este vaso lleno de rocío de aquella agua".

"Pero no pudo esconderse a los ojos de la Providencia, tanta fatiga y turbación de la inocente Psiches, la cual, estando en esta fatiga, aquella ave real de Júpiter que se llama águila, abiertas las alas, vino volando súbitamente, recordándose del servicio que antiguamente hizo Cupido a Júpiter, cuando por su diligencia arrebató a Ganimedes el troyano, para su copero...."

"No está muy lejos de aquí una noble ciudad de Achaya, que se llama Lacedemonia; cerca de esta ciudad busca un monte que se llama Tenaro, el cual está apartado en lugares remotos. En este monte está una puerta del infierno, y por la boca de aquella cueva se muestra un camino sin caminantes, por donde si tú entras, en pasando el umbral de la puerta, por la canal de la cueva derecho, podrás ir hasta los palacios del  rey Plutón; pero no entiendas que has de llevar las manos vacías, porque te conviene llevar en cada una de las manos una sopa de pan mojada en meloja, y en la boca has de llevar dos monedas; y después que ya hubieres andado buena parte de aquel camino de la muerte hallarás un asno cojo cargado de leña, y con él un asnero también cojo, el cual te rogará que le des ciertas chamizas para echar en la carga que se le cae: pero tú pásate callando, sin hablarle palabra; y después, como llegares al río muerto donde está Carón, él te pedirá el portazgo, porque así pasa él en su barca de la otra parte a los muertos que allí llegan: porque has de saber que hasta allí entre los muertos hay avaricia, que ni Carón ni aquel gran rey Plutón hacen cosa alguna de gracia, y si algún pobre muere cúmplele buscar dineros para el camino, porque si no los llevare en la mano no le pasarán de allí. A este viejo suyo darás en nombre de flete una moneda de aquellas que llevares; pero ha de ser que él mismo la tome con su mano de tu boca. Después que hubieres pasado este río muerto hallarás otro viejo muerto y podrido que anda nadando sobre las aguas de aquel río, y alzando las manos te rogará que lo recibas dentro en la barca; pero tú no cures de usar piedad, que no te conviene. Pasado el río y andando un poco adelante hallarás unas viejas tejedoras que están tejiendo una tela, las cuales te rogarán que les toques la mano: pero no lo hagas, porque no te conviene tocarles en manera ninguna. Que has de saber que todas estas cosas y otras muchas nacen de las asechanzas de Venus, que querría que te pudiesen quitar de las manos una de aquellas sopas: lo cual te sería muy grave daño, porque si una de ellas perdieses nunca jamás tornarías a esta vida. Demás de esto sepas que está un poco adelante un perro muy grande, que tiene tres cabezas, el cual es muy espantable, y ladrando con aquellas bocas abiertas espanta a los muertos, a los cuales ya ningún mal puede hacer, y siempre está velando ante la puerta del obscuro palacio de Proserpina, guardando la casa vacía de Plutón. Cuando allí llegares, con una sopa que le lances lo tendrá enfrenado y podrás luego pasar fácilmente, y entrarás adonde está Proserpina, la cual te recibirá benigna y alegremente y te mandará sentar y dar muy bien de comer. Pero tú siéntate en el suelo y come de aquel pan negro que te dieren; y pide luego de parte de Venus aquello por que eres venida, y recibido lo que te dieren en la bujeta, cuando tornares, amansarás la rabia de aquel perro con la otra sopa. Y cuando llegares al barquero avariento, le darás la otra moneda que guardaste en la boca; y pasando aquel río tornarás por las mismas pisadas por donde entraste, y así vendrá a ver esta claridad celestial. Pero sobre todas las cosas te apercibo que guardes una: que en ninguna manera cures de abrir ni mirar lo que traes en la bujeta, ni procures de ver el tesoro escondido de la divina hermosura".

"...entre tanto, Cupido, que andaba muy fatigado del gran amor, la cara amarilla, temiendo la severidad no acostumbrada de su madre, tornose al almario de su pecho y con sus ligeras alas voló al cielo y suplicó al gran Júpiter que le ayudase, y recontole toda su causa. Entonces Júpiter tomole la barba, y trayéndole la mano por la cara lo comenzó a besar, diciendo: 
-Como quiera que tú, señor hijo, nunca me guardaste la honra que se debe a los padres por mandamiento de los dioses; pero aun este mismo pecho, en el cual se encierran y disponen todas las leyes de los elementos, y a las veces de las estrellas, muchas veces lo llagaste con continuos golpes del amor, y lo ensuciaste con muchos lazos de terrenal lujuria, y lisiaste mi honra y fama con adulterios torpes y sucios contra las leyes, especialmente contra la ley Julia, y a la pública disciplina, transformando mi cara y hermosura en serpientes, en fuegos, en bestias, en aves y en cualquier otro ganado. Pero, con todo esto, recordándome de mi mansedumbre y de que tú creciste entre estas mis manos, yo haré todo lo que tú quisieres, y tú sépaste guardar de otros que desean lo que tú deseas. Esto sea con una condición: que si tú sabes de alguna doncella hermosa en la tierra, que por este beneficio que de mí recibes debes de pagarme con ella la recompensa.
Después de esto hubo hablado, mandó a Mercurio que llamase a todos los dioses a consejo; y si alguno de ellos faltase, que pagase diez mil talentos de pena. Por el cual miedo todos vinieron y fue lleno el palacio donde estaba Júpiter, el cual, asentado en la silla alta, comenzó a decir de esta manera:
-¡Oh dioses, escritos en el blanco de las musas! Vosostros todos sabéis cómo este mancebo que yo crié en mis manos procuré de refrenar los ímpetus y movimientos ardientes de su primera juventud. Pero harto basta que él es infamado entre todos de adulterios y de otras corruptelas, por lo cual es bien que se quite toda ocasión, y para esto me parece que su licencia de juventud se debe de atar con lazo de matrimonio. Él ha escogido una doncella, la cual privó de su virginidad: téngala y poséala y siempre use de sus amores.
Y diciendo esto, volvió la cara a Venus y díjole:
-Tú, hija, no te entristezcas por esto; no temas a tu linaje ni al estado del matrimonio mortal, porque yo haré que estas bodas no sean desiguales, mas legítimas o bien ordenadas como el derecho lo manda.
Y luego mandó a Mercurio que tomase a Psiches y la subiese al cielo, a la cual Júpiter dio a beber del vino a los dioses, diciéndole:
-Toma, Psiches, bebe esto y serás inmortal; Cupido nunca se apartará de tí; estas bodas vuestras durarán para siempre.
Dicho esto, no tardó mucho cuando vino la cena muy abundante, como a tales bodas convenía. Estaba sentado a la mesa Cupido en el primer lugar y Psiches en su regazo. De la otra parte estaba Júpiter con Juno, su mujer, y después, por orden, todos los otros dioses. El vino de alfajor, que es un vino de los dioses, suministrábalo Ganimedes a Júpiter como copero suyo, y a los otros, el dios Baco. Vulcano cocinaba la cena; las ninfas henchían de flores y rosas y otros olores la sala donde cenaban; las musas cantaban muy dulcemente; Apolo cantaba con su vihuela; Venus entró a la suave música y bailó hermosamente. En esta manera era el convite ordenado: que el coro de las musas cantase y el sátiro hinchase la gaita y el dios Pan tañese un tamboril. De esta manera vino Psiches en manos del dios Cupido. Y estando ya Psiches en tiempo de parir, nacioles una hija, a la cual llamamos Placer".

Capítulo IV

Cómo, después que la vieja acabó de contar esta fábula a una doncella, para consolarla, vinieron los ladrones, y cómo, tornándose a ausentar, probó Lucio a libertarse con huida, llevándose consigo a la doncella, y topando a los ladrones en el camino, los volvieron, amenazándolos con el morir.

"Este pensamiento, cierto, me parece necio y de asno: porque ¿qué caminante me hallará en el camino que no cabalgue encima de mí y me lleve consigo?".

"Una doncella de linaje real huyó de su cautividad llevándola un asno. Tú serás comparado a los antiguos milagros, porque por ejemplo de tu verdad creemos que Frixo nadó por el mar sobre un carnero, y Arión escapó encima de un delfín, y Europa cabalgó y huyó encima de un toro: porque si fuese verdad que Júpiter se transfiguró en buey, bien puede ser que en este mi asno se esconda o alguna figura de hombre o imagen de los dioses".















viernes, 8 de noviembre de 2013

EXTRACTOS DEL QUINTO LIBRO DE "LA METAMORFOSIS O EL ASNO DE ORO" DE LUCIO APULEYO.

EXTRACTOS DEL QUINTO LIBRO DE "LA METAMORFOSIS O EL ASNO DE ORO" DE LUCIO APULEYO.




Quinto libro

Argumento

En este quinto libro se contienen los palacios de Psiches y los amores que con ella tuvo el dios Cupido, y de como le vinieron a visitar sus hermanas; y de la envidia que hubieron de ella, por cuya causa, creyendo Psiches lo que le decían, hirió a su marido Cupido de una llaga, por la cual cayó de una cumbre de su felicidad y fue puesta en tribulación. A la cual, Venus, como enemiga, persigue muy cruelmente, y finalmente, después de haber pasado muchas penas, fue casada con su marido Cupido, y las bodas celebradas en el cielo.

Capítulo I

Cómo la vieja, prosiguiendo en su cuento por consolar a la doncella, le cuenta cómo Psiches fue llevada a unos palacios muy prósperos, los cuales describe con mucha elocuencia, donde por muchas noches holgó con su nuevo marido Cupido.

"...a la entrada de la casa estaba un palacio tan rico y hermoso, que parecía ser morada de algún dios, porque el zaquizamí y cobertura era de madera de cedro y de marfil maravillosamente labrado; las columnas eran de oro, y todas las paredes cubiertas de plata. En la cual estaban esculpidos bestiones y animales que parecía que arremetían a los que allí entraban. Maravilloso hombre fue el que tanta arte sabía, y pienso que fuese medio dios, y aun creo que fuese dios el que con tanta sutilidad y arte hizo de la plata estas bestias fieras. Pues el pavimento del palacio todo era de piedras preciosas, de diversos colores, labradas muy menudamente como obra mosaica[...] Todas las paredes estaban enforradas en oro, tanto resplandeciente, que hacía día y luz asimismo, aunque el Sol no quisiese. Y de esta manera resplandecían las cámaras  y los portales y corredores y las puertas de toda la casa".

"Por cierto, señor, tú sabrás que antes moriré que no hubiese de estar sin tu dulcísimo casamiento; porque yo, señor, te amo y muy fuertemente, y a quienquiera que eres, te quiero como a mi ánima, y no pienso que te puedo comparar al dios Cupido; pero, además de esto, señor, te ruego que mandes a tu servidor el viento cierzo......"

Capítulo II

Cómo, prosiguiendo la vieja el cuento, contó cómo las dos hermanas de Psiches la vinieron a ver y ella les dio de sus joyas y riquezas y las envió a sus tierras, y cómo por el camino fueron envidiando de ella con voluntad de matarla.

"....nunca Psiches quebrantó el mandamiento de su marido ni sacó de su pecho el secreto de lo que sabía: y hablando en el negocio, fingió que era un mancebo hermoso y de buena disposición, que entonces le apuntaban las barbas...."

"...y ahora dejemos esto y tornemos a nuestros maridos y pobres casas, aunque cierto buenas y honestas, y después instruidas, con mayor acuerdo y consejo tornaremos más fuertes para punir su soberbia".

Capítulo III

Cómo Cupido avisa a su mujer, Psiches, que en ninguna manera descubra a sus hermanas de quién está preñada, ni las crea a cuanto le dijeren, porque se perderá.

"¿No ves cuánto peligro te ordena la fortuna? Pues si tú, de lejos, antes que venga, no te apartas y provees, ella será contigo de cerca. Aquellas lobas sin fe ordenan cuanto pueden contra ti muy malas asechanzas, de las cuales la suma es ésta: ellas te quieren persuadir que tú veas mi cara, la cual, como muchas veces te he dicho, tú no la verás más, si la ves. [...]porque acrecentaremos  nuestro linaje, que aun este tu vientre niño otro niño trae ya dentro, y si tú encubrieres este secreto, yo te digo que será divino, y si lo descubrieres, desde ahora te certifico que será mortal."

Capítulo IV

Cómo venidas las hermanas a visitar a Psiches le aconsejan que trabaje por ver quién es aquel con quien tiene acceso, fingiéndole que sea un dragón: y ella, convencida del consejo, le ve viniendo a dormir, e indignado Cupido nunca más la vio.

"Ella le veía los cabellos como hebras de oro, llenos de olor divino; el cuello, blanco como la leche; la cara, blanca y roja, como rosas coloradas, y los cabellos de oro colgando por todas partes, que resplandecían como el Sol y vencían a la lumbre del candil. Tenía asimismo en los hombros péñolas de color de rosas y flores; y como quiera que las alas estaban quedas, pero las otras plumas debajo de las alas tiernas y delicadas estaban temblando muy gallardamente; y todo lo otro del cuerpo estaba hermoso y sin plumas, como convenía a hijo de la diosa Venus, que lo parió sin arrepentirse por ello. Estaba ante los pies de la cama el arco y las saetas, que son armas del dios del amor; lo cual todo estando mirando Psiches no se hartaba de mirarlo, maravillándose de las armas de su marido, sacó del carcaj una saeta, y estándola tentando con el dedo a ver si era aguda como decían, hincósele un poco de la saeta, de manera que le comenzaron a salir unas gotas de sangre de color de rosas, y de esta manera, Psiches, no sabiendo, cayó y fue presa de amor del dios de amor...."

"....y a tí, con mi ausencia, huyendo de tí, te castigaré".

"Acaso el dios Pan, que es dios de las  montañas, estaba asentado en un altozano cerca del río [...] Antes procura aplacar con plegarias al dios Cupido, que es mayor de los dioses, y trabaja por merecer su amor con servicios y halagos, porque es mancebo delicado y muy regalado"

Capítulo V

Cómo Psiches, muy triste, se fue a consolar con las hermanas de la desdichada fortuna en que había caído por su consejo; y ellas, codiciosas de casar con el dios Cupido, fueron despeñadas en pena de su maldad; y cómo sabiendo la diosa Venus este acontecimiento, trabajó por vengarse de Cupido.

"...su hijo Cupido estaba malo de una grave llaga de fuego que le daba mucho dolor, llorando, y en mucha duda de su salud, por la cual causa toda la gente y familia de Venus era infamada y vituperada por los pueblos y ciudades de toda la tierra, diciendo que él se había ocupado y apartado con una mujer serrana y montañesa, y tú asimismo te has apartado andando en la mar nadando y a tu placer, y por esto ya no hay entre las gentes placer ninguno ni gracia ni hermosura; pero todas las cosas están rústicas, groseras y sin atavío: ya ninguno se casa ni nadie tiene amistad con mujer ni amor de hijos, sino todo al contrario, sucio y feo y para todos enojoso".

"No sé si pida favor a mi enemiga la Templanza, la cual yo ofendí muchas veces por la lujuria y el vicio de éste; como quiera que sea, yo delibero de ir a hablar con esta dueña, aunque sea rústica y severa; pena recibo en ello, pero no es de desechar el placer de tanta venganza, y por esto yo le quiero hablar, que no hay otra ninguna que mejor castigue a este mentiroso y le quite las saetas y el arco y le desnude de todos sus fuegos de amores".



TEXTO "EL MIEDO GLOBAL" DE EDUARDO GALEANO.



EL MIEDO GLOBAL

Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo.
Los que no trabajan tienen miedo
de no encontrar nunca trabajo.
Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida.
Los automovilistas tienen miedo de caminar
y los peatones tienen miedo de ser atropellados.
La democracia tiene miedo de recordar
y el lenguaje tiene miedo de decir.
Los civiles tienen miedo a los militares,
los militares tienen miedo a la falta de guerras.

Es el tiempo del miedo.
Miedo de la mujer a la violencia del hombre
y miedo del hombre a la mujer sin miedo.
Miedo a los ladrones, miedo a la policía.
Miedo a la puerta sin cerradura,
al tiempo sin relojes,
al niño sin televisión,
miedo a la noche sin pastillas para dormir
y miedo al día sin pastillas para despertar.
Miedo a la multitud,
miedo a la soledad,
miedo a lo que fue
y a lo que puede ser,
miedo de morir,
miedo de vivir...


Eduardo Galeano